martes, 19 de junio de 2012

EN ALABANZA A DAGDA

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Le damos las gracias a Dios Padre

cuyo caldero derrama

su plenitud en la tierra,

inundándola de perfumada

belleza y de renacimiento,

Él bendice la semilla que yace

en el fértil suelo,

y nos protege bajo su poderosa mano.

Le damos las gracias al Dios de la Tierra,

cuya música de arpa hace bailar a las estaciones,

con gestos llenos de gracia, y pasos majestuosos.

Él bendice a los juglares que nos regocijan

e invita a las señoras y a los caballeros a enamorarse.

Lo encontramos en la forma de un navío que busca su puerto,

la playa que ha reverdecido gracias al romillo y a la vara de San José.

Los sacerdotes podrán hablarnos en trance sobre estas cosas,

pero Dadga es el único que grita, bien alto, nuestros méritos.

Elizabeth Barrette

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