jueves, 31 de diciembre de 2009

UN REGALO PARA EL NUEVO AÑO

3d santa
EL AGUADOR DE JÚZCAR
En el pueblo de Júzcar, en la provincia de Málaga, vivió en tiempo de moros un cabrero islamita cuya historia conocían todos los aldeanos de la comarca.
Se decía que aquel pastor conocía todos los recovecos de las altas cumbres de la Serranía de Ronda. Al parecer, este hombre descubrió un lugar donde manaba una pequeña corriente de agua que, un trecho más adelante, se bifurcaba en tres riachuelos diferentes. Con el tiempo y después de muchas pesquisas, el cabrero se dio cuenta de que aquel nacimiento de agua abastecía a tres localidades: Júzcar, Faraján y Alpandeire.
El cabrero, bastante astuto, ideó una estratagema para enriquecerse fácilmente. Fue al lugar donde se separaban los tres arroyuelos y desvió uno de ellos hacia otro, de modo que dejó sin agua a uno de los tres pueblos: Júzcar. Cuando las gentes del lugar vieron asombradas que el río se secaba, los vecinos y sus animales comenzaban a padecer sed y los productos de las huertas corrían peligro por la sequía, empezaron a lamentar su suerte y buscar remedios para su desgracia.
El cabrero bajó al pueblo y les dijo que si abonaban una cierta cantidad, él conseguiría que las aguas volvieran al pueblo. Ante la angustiosa escasez en que se hallaban, los vecinos accedieron a su petición y reunieron una buena cantidad de oro. Con el zurrón lleno, el cabrero salió del pueblo y se internó en la espesura. Poco después, las deliciosas aguas volvían a correr por el cauce del río.
El astuto cabrero utilizó la misma añagaza con los otros dos pueblos, Faraján y Alpandeire. Y luego volvió a hacerlo varias veces más…
Como nadie podía imaginar que la sequía se debía a la astucia avariciosa del pastor, cada vez que en alguno de los pueblos faltaba el agua, los vecinos acudían a él para que les devolviera el río. El cabrero accedía de buena gana, pero las exigencias de oro y objetos preciosos eran cada vez mayores. De esta forma, el cabrero pudo comprarse ricos atavíos, levantar una hermosa casa en el pueblo de Júzcar y vender las cabras a otro campesino.
Sus vecinos, viendo que había abandonado su oficio de cabrero y conociendo que su familia siempre había sido pobre, empezaron a pensar cuál sería el medio del que se valía para aumentar sus riquezas. A fuerza de mucho cavilar, llegaron a la conclusión de que eran ellos y los vecinos de los otros dos pueblos los que estaban contribuyendo a su enriquecimiento. Y así llegaron a la conclusión de que el causante de la sequía que periódicamente les dejaba sin agua no era otro que el avispado cabrero. Los aldeanos quisieron descubrir el secreto del morabito, pero no pudieron averiguar cómo conseguía secar los cauces a su gusto. Por envidia o por venganza, determinaron acabar con el misterio de un modo cruel, y una noche le dieron muerte. Desde entonces, las aguas de sus ríos jamás se secaron.
Adaptación de Emilia Cobo de Lara, tomada de diversas fuentes y la tradición oral, HISPANIA INCÓGNITA, págs. 302 y 303
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